Y la lagrima surca el rostro como cuchillo,
dejando un humedo rastro,
arrastrando penas o coronando una alegria,
con su efimero brillo.
  
Llora y deja que ellas apaguen el fuego de tus penas,
no hace falta que hables,
si en cada una de ellas reflejas la emocion.
  
Perlas del alma desbordan tus ojos,
en la soledad de la noche.
Fieles compañeras del dolor,
suelen calmarlo un poco.
 
Deja que mis penas se disuelvan en mi llanto,
no me digas no llores mas,
que no ves que solo soy un humano.
 
Deja que como rocio,
rieguen mi arido rostro,
para que florezca una sonrisa.
 
Arianus
 
 
   Clama tu pecho angustioso
              y el dolor fluye
         en un salubre rocio.
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